“UN PARLAMENTO LEJANO”
El Parlamento belga, lejano de la realidad africana. Algunos lo habrán leído y muchos más lo habrán oído decir: el embajador del reino de Bélgica, siguiendo las instrucciones del ministro de Exteriores, ha comunicado al Secretario Vaticano para las Relaciones con los Estados la resolución por la que el Parlamento del susodicho país pide a su Gobierno que “condene las declaraciones del Papa Benedicto XVI con motivo de su viaje a África y eleve una protesta oficial ante la Santa Sede”.
La asamblea parlamentaria, después de escuchar con estupor y examinar con detenimiento y profunda hermenéutica un fragmento incompleto de una entrevista al Papa, un trozo desgajado y aislado de su contexto, ha concluido su imparcial y ecuánime examen sintiendo la imperiosa necesidad de elevar un grito a favor de la justicia, la verdad y la paz. Y del amor, naturalmente.
Nada especial que decir al respecto, ya que están en su derecho de dedicar su tiempo a lo que este se lo permita. Contemporáneamente, apuntándose al carro circulante, grupos de tolerantes entusiastas han considerado que merecía la pena no desaprovechar la oportunidad de tratar de intimidar al Benedicto XVI. Los parlamentarios belgas acababan de propiciar una ocasión. La ocasión la pintan calva, dice el refrán castellano.
Básicamente, se trataría de disuadir al Papa para que no se exprese sobre algunos temas cuya relevancia moral es evidente, y también para que deje de referirse a las enseñanzas de la doctrina católica. Si es mudo, no importa que sea católico. Si es católico y lo muestran sus palabras, entonces que se calle…
Recordemos el sencillo mensaje que ha desatado las iras de los tolerantes: Benedicto XVI, en respuesta a una pregunta sobre la eficacia y el carácter realista de la posición de la Iglesia en materia de la lucha contra el sida, declaró que la solución había que buscarla en dos direcciones: por una parte, la humanización de la manera de vivir la sexualidad; y, por otra, en la amistad y la disponibilidad auténticas hacia las personas afectadas. No parece ningún dislate. Todo lo contrario: perfectamente razonable. Averías que son consecuencias de cierto tipo de comportamiento piden cambios en el estilo de comportamiento. Pura lógica.
Ámbito, dicho sea de paso, en el que el compromiso de la iglesia es total: una dimensión moral y una dimensión educativa. Mientras nos mantengamos ajenos a esta realidad, no habrá solución completa. Por el contrario, cuando se ha intentado ponerlo por obra con seriedad –como en Uganda- los resultados han sido espectaculares: el gobierno ugandés invirtió un cuarto de dólar por persona y año. En dos años se percibió un masivo cambio de conducta y el sida se redujo en un 66%. El mensaje principal de la campaña ugandesa era: “ser fiel a la propia pareja”. Portentosamente antiguo el tema. Y ha funcionado.
¿La razón por la que se habla tan poco de ello? Una puede ser que la industria del sida es multimillonaria. Los inversores quieren recuperar su dinero multiplicado. Las intervenciones que tienden a ayudar a cambiar el comportamiento de la gente no producen esos ingresos. Seguiremos haciendo cosas que ya sabemos que no funcionan, pero confiaremos en que esta vez sea distinto.
Resulta un consuelo constatar que las consideraciones de orden moral del Papa han sido bien acogidas por sus destinatarios, que parecen haberlas entendido y apreciado: los africanos. Extraigo de sus propias palabras: “Agradecemos el mensaje de esperanza que el Papa vino a confiarnos en Camerún y Angola. Y le damos las gracias por haber replanteado a todos, con delicadeza, claridad y agudeza, la enseñanza de la iglesia en materia de pastoral de los enfermos del sida.”
Y por muchos amigos de África, sin excluir a la comunidad científica. Lean, si les apetece, el artículo de Edward Green en el Washington Post. Green es un experto mundial en sida. Es agnóstico. Sin embargo, su artículo se titulaba: “El Papa puede tener razón”. Y decía: “Lo científicamente comprobado es que las intervenciones que mejor funcionan son las que promueven la fidelidad y la abstinencia”.
Ya sabemos que en los medios domina la paranoia de la eficacia casi exclusiva del profiláctico para vencer al sida. Las campañas, que en algunos países europeos se han orquestado para recordárnoslo nos percuten asiduamente. Ya estamos vacunados. Basta ver las estadísticas.
jueves, 30 de abril de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario