“UNA VARIANTE DE FUTURO”
Cuando alguna gente dice que está a favor del suicidio asistido, suele querer decir que quieren que el médico haga todo lo posible por eliminar el sufrimiento. Y cuando se enteran o comprenden que hay otras opciones, aparte de sufrir o ir hacia una muerte rápida, no les cuesta demasiado cambiar de opinión. Y cuando se dan cuenta de lo que pasa cuando el suicidio asistido y la eutanasia se ponen en práctica a gran escala, quedan todavía más convencidos.
Porque la gente no sabe de qué va esta historia. En buena parte, gracias a los defensores de la eutanasia. Por ejemplo, se propone el suicidio asistido como alternativa a la eutanasia directamente aplicada por el médico, ya que la opinión pública, en el caso de que sepa o se interese por algo de este estilo, es más reticente a aceptar esta última. Pero todos ven claro –tanto defensores como detractores de la eutanasia- que una vez admitido el suicidio asistido, será imposible -legalmente, médicamente y moralmente- evitar que se llegue a la eutanasia realizada directamente por el médico.
Los problemas médicos y legales son enormes. En Holanda, cuando se produce un estado de coma prolongado tras la aplicación del suicidio asistido, al médico no le queda otro remedio que administrar una inyección letal. En USA los familiares y amigos no pueden soportar la incertidumbre de un estado de coma prolongado y sienten la necesidad de ahogar al paciente con una bolsa de plástico. Esto es lo que ocurrió con Jane, tal como describe Thimoty Quill. George Delury tuvo que hacer lo mismo con su mujer, y reconoció que, al ser insuficiente la dosis letal, tuvo que recurrir a mencionado procedimiento del plástico. Comenzamos con un ligero suicidio asistido y acabamos con la eutanasia casera pura y dura.
El suicidio asistido suele usarse con personas que todavía no están próximas a la muerte. No es infrecuente que se trate de personas que están sufriendo una depresión como consecuencia de su enfermedad y que, si se tratara adecuadamente, desearían seguir viviendo.
A la vez, los defensores de la eutanasia han exagerado el número de médicos que la practican y sugieren que eso exige legalizarla para poder regularla. Se trata de cambiar la ley mediante el poderoso argumento de que, tal como está, no se respeta. Pero, si nos fijamos en Holanda, vemos que –en realidad- la legalización crea un clima favorable a la desobediencia. Es verdad que, en teoría, la ley nunca permitirá que un médico acabe con la vida de un paciente sin su consentimiento. Pero hay médicos que ya lo hacen. Así que, una vez aprobada la eutanasia, se sentirán mucho más libres de hacerlo.
Volvamos a Holanda, pionera en tantas cosas nobles, aunque en esta no. El estudio Remmelink (1990) sobre la eutanasia en este país utiliza la eufemística expresión: “terminación del paciente sin su petición explícita”. Nada de ambigüedades: una aséptica ejecución hospitalaria. El estudio revela que en más de mil casos el médico causó la muerte de un paciente que no la había solicitado. Por razones diversas: “porque no podía tratar eficazmente el dolor, porque le faltaba calidad de vida, porque, aunque el tratamiento se le había retirado, el paciente no acababa de morirse, …”Los deseos del doctor, hay que suponerlo así, son los del paciente, que no los expresa o que no se da cuenta de que realmente los tiene.
La oposición a la eutanasia no es una cuestión religiosa. Ni de la Iglesia católica, o de las derechas integristas y vociferantes. ¿Vais a permitir que la iglesia católica os diga el modo cómo tenéis que morir? Se les espetaba a los votantes de Oregón. Pero no es eso. La gente desconoce que la Asociación Médica Estadounidense (AMA) es la organización que de modo más intenso e importante se opone a la legalización. Su informe, suscrito también por la Asociación Estadounidense de Enfermería, la de psiquiatría y otras muchas, fue el documento más citado por el Tribunal Supremo en su reciente decisión en contra de la eutanasia.
Los médicos más opuestos a la legalización son los especialistas en cuidados paliativos, los que cuidan a pacientes mayores y los psiquiatras con experiencia de pacientes suicidas. O sea, los que saben de qué va la cosa. Los que saben que la legalización de la eutanasia es una respuesta desinformada al reto de ayudar a estos pacientes. Le sugiero que se asomen a libro “Seducidos por la muerte”, de Herbert Hendin: es un horizonte nada tranquilizador, ya que en España tenemos también nuestro equipo político y mediático de entusiastas.
Los médicos que se oponen al suicidio asistido y a la eutanasia son los que están haciendo que los cuidados paliativos avancen. Porque saben que aquellos son mala medicina. Mala para el paciente, mala para el médico, mala para la sociedad.
jueves, 30 de abril de 2009
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