jueves, 30 de abril de 2009

“¿UNA HISTORIA?”


N. Watt ha escrito sobre la niña Alexia González-Barros. Watt recuerda que, en la presentación de su película, el director afirmó que no ha inventado nada. Según la periodista, profesora de la Universidad de Salamanca, un 80% ha salido de tres biografías ya publicadas. Pero sobre esta base real, añade Watt, el director ha incorporado un 20% de deformaciones de la historia que le dan un carácter caricaturesco e insultante para la familia de Alexia.
Veamos detalles. En la película el padre de Alexia es un hombre pusilánime, muerto en un trágico accidente, antes que su hija. En la realidad: el padre de Alexia era un hombre de sólidas convicciones cristianas, que acompañó a su hija en su lecho de muerte, más tarde se hizo miembro de la Prelatura del Opus Dei, y falleció veinte años después que su hija. En la película se presenta a Alexia como una niña manipulada por su madre y sin fe. La realidad: Alexia estaba cerca de Dios. Ella lo ofreció todo, absolutamente todo, sabía que el tesoro que tenía en las manos, tenía que administrarlo bien. No se rebeló y mantuvo la alegría. Fue ella y no la familia quien hizo que todas aquellas cosas tan difíciles se transformasen en normales. (www.alexiagb.org.). Lo contaba ella a sus compañeras de colegio: “Aunque no lo creáis, Dios da las fuerzas necesarias y todavía te dan ganas de reír un poquito. (…)”
La madre de Alexia aparece como una fanática religiosa, manipuladora, fácil de convencer con planteamientos pueriles, y obsesionada por controlar a sus hijas. En realidad era una mujer culta, sumamente amable y educada, cariñosa, que quería que sus hijos conociesen mundo, aprendiesen idiomas y tomasen decisiones por sí mismos. El sentido religioso, la fe y la aceptación serena de los acontecimientos, formaban parte de los valores que vivían. Le importaba mucho la formación humana e intelectual de sus hijos. Trataba de que fueran adquiriendo criterio. Alexia lo adquirió con rapidez y sabía ponerlo de manifiesto.
El “novio”. En la película, a Alexia le gusta un niño que se llama Jesús. Su madre no lo sabe. Al poner ese nombre a un personaje de ficción, el director busca provocar una confusión entre ese adolescente y la figura de Jesucristo, a quien la niña se refería en sus conversaciones y oraciones. La realidad: a Alexia le gustó un niño que se llamaba Alfonso y que conoció en verano de 1984 en Vall-Llobrega. Fue un amor platónico, de adolescencia: nunca llegaron a hablar. Se lo contó a su madre que, en este tema, como en tantos otros, era su confidente. En una ocasión, su madre le regaló una pegatina que ponía “I love Alfonso”. Al recibirla, Alexia comentó sonrojándose: “¡Qué cosas tienes, mamá!”.
En la película, Alexia tiene una hermana que se hizo del Opus Dei por un desengaño amoroso propiciado maliciosamente por su madre. En realidad la hermana de Alexia era considerada por sus compañeras como una persona muy inteligente, independiente, y con fuerte personalidad. Pidió la admisión como numeraria a los 22 años. En aquel momento acababa de terminar dos licenciaturas -Farmacia y Antropología americana- que estudió en la Universidad Complutense”.
La muerte de Alexia: En la película, cuando muere Alexia, los médicos, enfermeras, sacerdotes y amigos presentes empiezan a aplaudir. En la rueda de prensa de la presentación de la película en San Sebastián, respondiendo a un periodista que le preguntó si había sido así, el director afirmó que sí. La realidad la aclara el propio hermano de Alexia: “Mi hermana Alexia no murió rodeada de aplausos. Murió rodeada de cariño. Cariño de sus seres queridos: padres y hermanos y con el silencio respetuoso de las enfermeras, doctores y enfermos”. Hay más mentiras en la película, pero no hace falta agotar la lista.
Ahora hay que preguntarse que tipo de cosa ha querido dirigir este director. En cualquier caso, no parece una trayectoria que pase por decir la verdad.

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